Antes de abandonar Nimes quise acercarme a ver el Jardín de La Fountaine de día. Sentía curiosidad porque Francia fue pionera en la construcción de grandes jardines , algo que luego copiaron el resto de monarquías europeas. De hecho, La Fontaine está considerado uno de los primeros parques públicos europeos. Alberga restos de varios templos romanos y un jardín botánico. El lugar se emplaza en el mismo lugar que el Augusteum, complejo monumental romano en honor al emperador y su familia.
En resumen, disfrute mucho recorriendo la ciudad. Sus calles son limpias y silenciosas, la gente es amable y todo el conjunto transmite una sensación de paz. Eso sí, un café con leche me costó dos euros y medio. Entonces me fijaba mucho en las cuestiones económicas, pues mis recursos no eran ilimitados.