23-09-09. De Nimes a Grasse.

Itinerario del segundo dia de viaje desde Nimes a Grasse, atravesando la Cornisa Sublime.

Antes de abandonar Nimes quise acercarme a ver el Jardín de La Fountaine de día. Sentía curiosidad porque Francia fue pionera en la construcción de grandes jardines , algo que luego copiaron el resto de monarquías europeas. De hecho, La Fontaine está considerado uno de los primeros parques públicos europeos. Alberga restos de varios templos romanos y un jardín botánico. El lugar se emplaza en el mismo lugar que el Augusteum, complejo monumental romano en honor al emperador y su familia.

En resumen, disfrute mucho recorriendo la ciudad. Sus calles son limpias y silenciosas, la gente es amable y todo el conjunto transmite una sensación de paz. Eso sí, un café con leche me costó dos euros y medio. Entonces me fijaba mucho en las cuestiones económicas, pues mis recursos no eran ilimitados.

Jardines de la Fontaine. Uno de los primeros parques públicos de Europa
Templo de Diana

No puedo abandonar el comentario de la ciudad sin compartir un dato curioso. Resulta que Levi Strauss(si, el de los vaqueros) descubrió un tejido de algodón muy resistente que se fabricaba precisamente en Nimes. Decidió comercializarlo en Estados Unidos con el nombre denim(de Nimes), empezando a fabricar con dicho material los famosos tejanos, que rápidamente gozaron de gran éxito entre mineros, ganaderos, militares, etc, por su comodidad y resistencia.

Dejé atrás Nimes y me dirigí hacia el famoso castillo de  Tarascón,  a orillas del Ródano , con su  extraña criatura legendaria, con cola de serpiente, cuerpo y cabeza de felino bajo un caparazón de tortuga y rostro con rasgos humanos…o algo parecido.  Pero es mejor una  imagen que una larga explicación.

La Tarasca, criatura mitológica presente también en las procesiones del Corpus Christi de muchísimas poblaciones españolas: Granada, Sevilla, Valencia, Toledo, etc. En ocasiones se le alude con otro nombre, por ejemplo: la Patum de Berga, la Coca de Betanzos o Rendondela….

El Castillo de Tarascón es el más importante de la Provenza. En su interior hay expuestos un gran número de tapices con imágenes de caballeros y reyes. Sus sótanos fueron utilizados como mazmorras para prisioneros desde su construcción a principios del siglo XV hasta principios del siglo XX. El Ródano constituye una defensa natural por uno de sus lados, mientras que el resto de su contorno está rodeado por un foso.

El Castillo de Tarascón a orillas del Ródano
Tapiz representando a Santa Marta expulsando a la Tabasca de la ciudad
Curioso tapiz en el que se muestra un árbol genealógico que brota del pecho de un rey de la Casa de Anjou en actitud durmiente.

En Tarascón me detuve a comer en un kebab. El dependiente, un marroquí, se alegró de saludar a un murciano, pues estuvo viviendo en el barrio de San Andrés un tiempo. Un kebab y una Coca Cola me costaron cinco euros, más o menos como en España. 

También llegó el temido momento del primer repostaje en tierras francesas. El litro de gasolina estaba a 1.28 euros, mientras que en España su precio era de un euro. Luego conduje hacia el este, al encuentro del Cañón del Rio Verdún. Antes pasé por el Lago de  Sainte-Croix, accidente artificial  no por ello menos imponente. Sus 11 kms de longitud ofrecen rincones realmente hermosos. Recorrí  a continuación  la llamada Cornisa Sublime, una carretera sinuosa que bordea el cañón del Verdún,  muy popular entre los aficionados a las dos ruedas.  Aquel era el plato fuerte del día. Conviene tomárselo con tiempo y disfrutar de la ruta, pues se trata del cañón más grande de Europa y hay decenas de lugares en los que apetece deternerse y admirar la portentosa obra de ingeniería natural del agua abriéndose paso entre las montañas.

 
El rio Verdún vertiendo sus aguas en el lago Sainte-Croix
Lago Sainte-Croix
Cañón del Verdún

Casi paso por alto  mi paso por Aiguines  y su chateau del siglo  XVII. Si bien la traducción literal del término sería «castillo», también tiene la acepción, como es el caso, de palacio señorial. Estas edificaciones, por lo general destinadas a la residencia de miembros de la nobleza, contaban con huertos y haciendas aledañas de las que se proveían. El Chateau de Aiguines tiene una superficie total de 3300 m2. Cuenta con tres plantas en las que se distribuyen 35 habitaciones, de las cuales 20 son dormitorios. La extensión total de la finca es de 15 hectáreas.  En el momento de redactar esta entrada, el portal Engel & Völkers vende la propiedad por unos trece millones de euros. La oferta es muy tentadora, teniendo en cuenta que el chateau tiene piscina.

Chateau frente al lago Sainte-Croix